La Embajada del Japón en Argentina invita a disfrutar de lo mejor del cine japonés clásico en una retrospectiva inédita en el país. Del martes 3 al martes 24 de septiembre se llevará a cabo en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín (Av. Corrientes 1530) el ciclo: Mikio Naruse, (re)descubrir a un maestro.
El programa está integrado por dieciséis films del gran cineasta japonés, en copias 35mm especialmente enviadas desde Tokio, e incluye piezas clásicas de su filmografía como: Cuando una mujer sube la escalera, Nubes flotantes y La voz de la montaña, además de films que se exhibirán por primera vez en nuestro país. El ciclo está organizado por el Complejo Teatral de Buenos Aires, dependiente del Ministerio de Cultura de la Ciudad, junto con la Fundación Cinemateca Argentina, The Japan Foundation y el Centro Cultural e Informativo de la Embajada de Japón.
“Mizoguchi, Ozu, Naruse. Este orden, para nosotros inmutable, parece experimentar actualmente algunas turbulencias. Sobre todo en Asia. Ya desde hace tiempo los japoneses cuestionaban la clasificación de estas tres cumbres de su edad de oro cinematográfica. Colocaban en la cabeza a Ozu, más próximo a su idea de cómo realmente son. Y he aquí que ahora Naruse, no sólo en Japón, sino en toda Asia –en Taiwán los dos mejores cineastas, Hou Hsiao-hsien y Edward Yang, lo reivindican como su maestro–, accede al primer puesto. Mizoguchi, por supuesto, permanece a mis ojos como el gran clásico. Alcanza la universalidad por la perfección de una puesta en escena inimitable, de una riqueza semántica hasta hoy insuperada. (…) Ozu aspiraba menos a la plenitud de la puesta en escena que a lo absoluto del estilo, erigido en un sistema simétrico de una regularidad de metrónomo, hasta el punto de que ningún otro maníaco de la escritura, ni siquiera Bresson, intentó lo que Ozu osó. (…) Naruse, por su parte, proponía algo que es preciso calificar como moderno y que justifica la admiración que se le tributa en nuestros días. Pues moderno fue Naruse sin quererlo ni saberlo, por el simple juego, presumo yo, de una extremada atención aplicada a los movimientos y pulsaciones más ínfimas de la vida. Su cámara se adhiere a cada instante del presente, del que no puede desviarse, que no puede soslayar y que menos todavía puede arreglar o componer. Este lujo es la ilusión de los ricos y los poderosos. Los personajes humildes y cotidianos de Naruse no tienen siquiera ninguna posibilidad de aspirar a ello. Están demasiado adheridos, ellos también, a ese presente que deben soportar. La vida, en Naruse, está en el límite de la supervivencia, no de la supervivencia física sino de una supervivencia psíquica y moral, es decir –siguiendo el criterio japonés dominante–, estética. Existe una belleza de la vida que los personajes presienten, sienten –con resentimiento–, porque saben perfectamente que siempre se les escapará. Las cosas son lo que son de una vez por todas, sin ningún tipo de misterio, exentas de la menor posibilidad de ilusión. Rara vez un cineasta ha filmado de forma más inmediata, llana y terriblemente legible». Jean Douchet, A propósito de Naruse. Trafic Nº3, 1992.
La agenda completa con parte del ciclo es la siguiente:
Martes 3 ¡Esposa! ¡Sé como una rosa!
(Tsuma yo bara no yô ni; Japón, 1935)
Dirección: Mikio Naruse.
Con Sachiko Chiba, Yuriko Hanabusa, Kamatari Fujiwara.
Kimiko, una oficinista, vive con su madre, una poetisa bien conocida y algo excéntrica. La joven quiere casarse con Heihachiro, pero el padre de Kimiko ha abandonado a la familia por otra mujer y vive en el campo. Un día, Kimiko ve casualmente a su padre en la ciudad…
“¡Esposa! ¡Sé como una rosa! y La chica en boca de todos, dos de los cinco films hablados que Naruse rodó en 1935, son películas excelentes y representativas de su obra; ambas monopolizaron la atención de periódicos y revistas serias de cine a la hora de escoger los mejores títulos del año. ¡Esposa! ¡Sé como una rosa! se exhibió comercialmente en salas de cine norteamericanas dos años después de su estreno en Japón, uno de los más tempranos ejemplos de introducción del cine japonés en un mercado extranjero». (Shiguehiko Hasumi y Sadao Yamane, Mikio Naruse en la historia del cine japonés).
“Hay características que pueden considerarse comunes a Ozu y a Naruse. Para empezar, no se puede negar la similitud de sus períodos formativos. Naruse era dos años más joven que Ozu. Debutó como realizador tres años más tarde que Ozu (en 1930). Las primeras películas de ambos cineastas eran copias de las comedias mudas, especialmente el cine de slapstick de Hollywood. De haber alguna diferencia entre los dos, sería probablemente que Ozu llegó más lejos a la hora de copiar el cine de Hollywood. Poco después llegó la Gran Depresión y la sociedad japonesa se llenó de ansiedad. Como retrato de esa situación, Ozu y Naruse rodaron películas que describían la vida de ciudadanos azotados por la pobreza. Entre los dos se formó una relación como la que hay entre la luz y la sombra, o el yin y el yang, y se les consideraba gemelos. En este sentido, probablemente fue necesario que Naruse se separase de Ozu para encontrar un universo fílmico propio. Sin embargo, Ozu describía a menudo a Naruse como alguien cercano, un realizador que estaba en su misma longitud de onda. Por otro lado, no está demasiado claro lo que Naruse pensaba de Ozu. A diferencia de Ozu, Naruse nunca hablaba abiertamente de otros realizadores. Esto hizo de Ozu la luz y de Naruse la sombra, o al menos nos da una base para compararlos así”. (Kiju Yoshida).
A las 15 horas (74’; 35mm).
Nubes flotantes
(Ukigumo; Japón, 1955).
Dirección: Mikio Naruse.
Con Hideko Takamine, Masayuki Mori, Chieko Nakakita.
Yukiko recorre las ruinas producidas por los bombardeos en Tokio en busca de Tomioka, un hombre con el que trabajó durante la guerra. Pero Tomioka aún sigue casado y vive con su mujer y su suegra.
“Nubes flotantes es una de las seis películas que Naruse adaptó de su novelista favorita, Fumiko Hayashi, y otra seria candidata al máximo pedestal personal. Calificada por el crítico francés Jean Douchet como ‘la versión de Vértigo de Naruse’ y comparada por el mismo ensayista con el Bolero de Ravel (‘por su estructura infinitamente repetitiva’), Nubes flotantes narra la interminable, obcecada persecución a la que una mujer somete al hombre que no la ama. (Horacio Bernades, Página/12. Febrero 2004).
“En Naruse, la sensación del vacío no procede ya de un futuro desconocido e inexorable, sino de la sobrecarga de un presente sofocante. Este último ocupa el terreno igual que se dice de un enemigo que ocupa el territorio. No hay aquí representación del vacío, como en Rossellini, Ozu, Antonioni, Bresson, etc.; no hay respiro entre los planos que representan la continuidad sin falla del relato. La vida, constantemente presente, circula incesante, simplemente porque es la vida a la que nada puede detener. Pero está desprovista de sentido. Entonces Naruse introduce el vacío, su vértigo y su suspenso, mediante efectos de montaje de singular sutileza, puesto que no es preciso detener el curso del relato sino mantenerlo en su aparente continuidad y linealidad. (…) Por extensión, Nubes flotantes cubre un espacio más amplio de lo que permite suponer su simple apariencia melodramática. A través de la historia de esta pareja, Naruse cuenta la historia psíquica y moral que azotó a los japoneses desde 1945 hasta 1955. Si el presente ocupa el espacio es porque es el fruto del gran acontecimiento innombrado: la derrota. Apenas evocada y, sin embargo, siempre presente. Nubes flotantes es, sin duda, el testimonio más secreto pero también el más verdadero sobre la mentalidad japonesa ante la adversidad, en sus dos vertientes: el alma humillada y el alma orgullosa». (Jean Douchet, A propósito de Naruse).
A las 20.30 horas (123′; 35mm).
Miércoles 4 ¡Esposa! ¡Sé como una rosa!
(Tsuma yo bara no yô ni; Japón, 1935)
Dirección: Mikio Naruse.
Con Sachiko Chiba, Yuriko Hanabusa, Kamatari Fujiwara.
A las 15 y 21 horas (74’; 35mm).
Hideko, la cobradora de autobús
(Hideko no shashô-san; Japón, 1941)
Dirección: Mikio Naruse.
Con Hideko Takamine, Kamatari Fujiwara.
Basada en una novela de Masuji Ibuse (autor de la célebre Lluvia negra), el film narra las peripecias de un conductor y una cobradora de autobús en medio de los profundos cambios socioeconómicos que enfrenta su país.
“Hideko, la cobradora de autobús es una película que casi no tiene ningún elemento dramático convencional. A pesar de esto, o quizá precisamente por ello, es una película enormemente atractiva. Pero entonces, si no hay un drama en acción, ¿qué es lo que hay? Sólo se puede describir como un cine de movimientos. Pese a la existencia de elementos con potencial dramático, entra en juego la conjunción, específica de Naruse, de la acción narrativa y la acción descriptiva, resultando en la pura brillantez de un cine de movimientos. Y el ritmo de los sentimientos que se crea nos conmueve profundamente». (Sadao Yamane. Mikio Naruse en los años de preguerra hasta la guerra).
“El 28 de diciembre de 2010 murió Hideko Takamine. Seis meses antes yo había descubierto las películas de Mikio Naruse y con ellas a esa mujer cuyos rasgos y roles no respondían al canon de inmaculada belleza japonesa sumisa, tabula rasa de porcelana para el deseo masculino. Su cara, pero sobre todo su carácter, así como sus maneras y los personajes prácticos, autosuficientes y pícaros, juguetones incluso en la adversidad, marcaron tanto su carrera como la del director, último de los ‘maestros japoneses’ descubierto por Occidente. (…) Ver una película con Hideko Takamine ya es suficiente motivo de alegría. La actriz preferida de Naruse fue, es y será un espectáculo aparte. Sus roles no son nunca los de mujer sumisa o resignada. Su tozudez es proverbial e inteligente. Siempre sabe lo que quiere y cuando no lo sabe ni se le cruza por la mente disimular. Se distingue por rasgos físicos y gestos particulares (sacar la lengua, la miopía) que no son nunca altisonantes, pero suficientemente expresivos como para añadirle un plus de visibilidad inolvidable y, sobre todo, caracterizarla más allá de sus personajes». (Marcos Vieytes, Calanda).
A las 18 horas (54′; 35mm).
Jueves 5 Hideko, la cobradora de autobús
(Hideko no shashô-san; Japón, 1941)
Dirección: Mikio Naruse.
Con Hideko Takamine, Kamatari Fujiwara.
A las 15 y 21 horas (54′; 35mm).
La llegada del otoño
(Aki tachinu; Japón, 1960).
Dirección: Mikio Naruse.
Con Nobuko Otowa, Murasaki Fujima, Kamatari Fujiwara.
Un niño y su madre, viuda desde hace un año, se trasladan a Tokio a vivir con unos parientes. Ella trabajará en una posada y él tendrá que compatibilizar sus estudios con la ayuda en la verdulería de su primo.
“A comienzos de los años 60 el cine japonés vivió una seria crisis y muchas compañías se vieron obligadas a modernizarse. El productor Shiro Kido, que en una ocasión había criticado el carácter sombrío de las películas de Naruse, ascendió por aquel entonces a una posición ejecutiva dentro de la Shochiku y recurrió a nuevos directores como Nagisa Oshima y Kiju Yoshida para tratar de superar la crisis. El intento fracasó. Los jóvenes directores de la ‘nouvelle vague de la Shochiku’ debieron poner en pie producciones independientes propias para poder seguir activos. Akira Kurosawa también se vio forzado a montar sus propias producciones, y al hacerlo proporcionó a la Toho películas como Yojimbo (1961). Durante este período Naruse produjo y dirigió La llegada del otoño”. (Shiguehiko Hasumi y Sadao Yamane, Mikio Naruse en la historia del cine japonés).
“La llegada del otoño refleja las luchas cotidianas descritas en algunos de los films de Naruse previos a la guerra. Rodada en blanco y negro, el realizador bien podría estar aquí revisitando conscientemente el estilo de aquellas películas, como así también los films sobre la zona shitamachi de Tokio, como Maquillajes de Ginza y Crisantemos tardíos. La llegada del otoño comparte con Los malos duermen bien, de Akira Kurosawa –junto con la cual fue lanzada en un doble programa–, una mirada sobre Tokio como metrópolis desmadejada, hiper desarrollada y fea, en la cual la desconfianza y el engaño son moneda corriente, aunque a Naruse le preocupa menos la corrupción corporativa que la desintegración de la vida familiar”. (Catherine Russell, The Cinema of Naruse Mikio, 2008).
A las 18 horas (79′; 35mm).
Viernes 6 La llegada del otoño
(Aki tachinu; Japón, 1960).
Dirección: Mikio Naruse.
Con Nobuko Otowa, Jun Fujimaki, Kamatari Fujiwara.
A las 15 y 21 horas (79′; 35mm).
Marido y mujer
(Fûfu; Japón, 1953)
Dirección: Mikio Naruse.
Con Ken Uehara, Yoko Sugi, Mariko Okada.
Marido y mujer se centra en los problemas económicos de una joven pareja casada, propiciando un distanciamiento que puede desembocar en ruptura. Ken Uehara y Yoko Sugi interpretan a la pareja, obligada a vivir en una habitación alquilada en el piso de un amigo excéntrico cuya presencia irrita la latente insatisfacción del matrimonio.
“Al igual que en el cine de Ozu, menos siempre significa más en la obra de Mikio Naruse. Y aunque el estilo de Naruse es ecléctico al punto de que no impone, como hacía Ozu, extremas limitaciones para la cámara y la gramática y estructura cinematográficas, comparte con Ozu (y con la mayoría de los artesanos y artistas de Japón), un profundo respeto por la vida y una transparente honestidad a la hora de plasmarla en imágenes». (Donald Richie, Cinema: A Critical Dictionary. 1980).
“La transitoriedad y la falta de vivienda vuelven a ser temas prominentes en Marido y mujer. (…) En esta vida, un buen matrimonio sólo puede ser un accidente feliz. Al tiempo que el film parece defender la idea de un matrimonio feliz, también describe sistemáticamente los obstáculos para lograr ese ideal en el marco del tejido social fragmentado por la expansión urbana. Como en Vida de casado, es el ama de casa quien paga el precio de la soledad y el aislamiento en las nuevas configuraciones domésticas de la urbe de posguerra”. (Catherine Russell, The Cinema of Naruse Mikio, 2008).
A las 18 horas (87′; 35mm).













