Carmen y Begoña se dieron el “sí, quiero” en una residencia de mayores de Logroño. No fue solo una boda. Fue una respuesta directa a quienes creen que el amor tiene fecha de vencimiento, edad permitida o una sola forma posible.
🔺Dos mujeres. Mayores. Enamoradas. Visibles.
En un mundo que insiste en borrar los deseos, los cuerpos y las historias de las personas mayores —y más aún cuando son lesbianas—, ellas dijeron basta. Con luces, velas, pajaritas de papel y una emoción que desbordó todo, demostraron que el amor no envejece, no se cansa y nunca llega tarde.
Esta boda también rompe otro prejuicio: el de las residencias como antesala del final. No. También pueden ser territorio de comienzos, de ternura, de besos nuevos, de lunas de miel y de sueños que todavía esperan turno.
Que Carmen diga “no nos merecemos tanto” duele un poco. Porque sí: se merecen todo. Se merecen amor, celebración, deseo, respeto y futuro. Como cualquier persona.













