Desde el sindicato de la Policía Bonaerense advierten una crisis profunda: salarios cercanos a $800.000, jornadas extendidas con horas extra mal pagas y falta de personal que vuelve estructural la sobrecarga laboral, lo que hace cada vez menos atractivo ingresar a la fuerza.
La precarización impacta directamente en el funcionamiento. Así lo explica Revista La tecla: muchos efectivos sostienen su trabajo por necesidad más que por vocación y buscan ingresos adicionales fuera de la fuerza, lo que refleja el deterioro económico del sector.
Uno de los puntos más críticos es la salud mental: denuncian que policías que atraviesan situaciones violentas no cuentan con acompañamiento psicológico ni psiquiátrico, dejando la contención librada a cada individuo en un contexto de alta exigencia.
El malestar interno ya es visible, con episodios como silbidos a Axel Kicillof en actos oficiales, lo que expone una tensión creciente dentro de la fuerza y una pérdida de respaldo hacia la conducción política.
Desde el gremio también cuestionan la falta de diálogo y denuncian sanciones y detenciones a efectivos por protestar, en un esquema que —según plantean— prioriza disciplinar antes que resolver los problemas de fondo.













