Eva Bach dice que hoy tenemos “adolescentes de 30 o 40 años que todavía viven con los padres” porque observa que, aunque biológicamente la pubertad se adelanta, emocionalmente muchos adultos no alcanzan la madurez que deberían. Lo que en un adolescente se entiende como parte natural del proceso psicoevolutivo —explosiones emocionales, dependencia, búsqueda de identidad— en los adultos refleja una falta de recursos para gestionar, contener y transformar sus emociones.
En lugar de asumir responsabilidades, colaborar o construir autonomía, algunos permanecen en un estado de dependencia afectiva y práctica: viven con los padres sin aportar nada o, si están fuera, siguen recurriendo a ellos para necesidades básicas como la comida o la ropa. Para Bach, esta “adolescencia prolongada” es síntoma de un déficit en la educación emocional y en la capacidad de los adultos para acompañar, con conciencia y ejemplo, el crecimiento integral de los jóvenes, generando así un círculo donde los adultos no terminan de madurar y, por ende, tampoco logran enseñar a los adolescentes a hacerlo. © wmcmf













